Trabajas para una empresa italiana pero vives en Barcelona. O tienes clientes en Italia y estás dado de alta como autónomo en España. O quizás eres empleado de una empresa española pero haces estancias largas en Italia con cierta frecuencia. En todos estos casos, tarde o temprano te encuentras ante la misma pregunta: ¿dónde pago los impuestos y sobre qué? Es una pregunta legítima, concreta y —hay que decirlo— que a menudo se hace en las ventanillas equivocadas.

Esta guía no sustituye a un asesor fiscal. Ninguna guía puede hacerlo cuando se trata de fiscalidad internacional. Lo que sí puede hacer es darte un panorama claro de cómo funciona el sistema, cuáles son los conceptos clave que necesitas conocer y dónde se equivocan con más frecuencia quienes trabajan entre dos países. Entender la lógica te permite hacer las preguntas correctas al profesional adecuado, evitando errores que luego se pagan —literalmente.
El primer nudo: la residencia fiscal
Todo parte de aquí. La residencia fiscal determina en qué país tributas por tu renta mundial, es decir, por todo lo que ganas, donde quiera que lo ganes. No es el empadronamiento, no es el contrato de alquiler y no es necesariamente donde tienes a tu familia. Es un concepto fiscal preciso, con sus propias reglas.
En España te conviertes en residente fiscal si cumples al menos uno de estos criterios: permaneces más de 183 días en el país durante el año natural, tienes aquí el núcleo principal de tus intereses económicos, o tu cónyuge e hijos menores residen habitualmente en España. El criterio de los 183 días es el más conocido, pero no es el único —y la Agencia Tributaria española lo sabe bien. Entender cuándo se activa realmente la residencia fiscal es el primer paso para moverte sin sorpresas.
El problema surge cuando Italia y España pueden ambas reclamar tu residencia fiscal. Ocurre con más frecuencia de lo que parece: quizás sigues empadronado en Italia, tienes allí una cuenta bancaria y una vivienda, pero trabajas y vives principalmente en España. En este escenario existe el riesgo de la doble residencia fiscal —y, en consecuencia, de la doble imposición.
El convenio para evitar la doble imposición
La buena noticia es que Italia y España han firmado un convenio bilateral cuyo objetivo es precisamente evitar que pagues impuestos dos veces sobre la misma renta. Funciona a través de dos mecanismos principales: la exención (una renta la grava solo uno de los dos países) y el crédito fiscal (la grava uno, pero el otro deduce lo que ya has pagado). Qué mecanismo se aplica depende del tipo de renta: rentas del trabajo por cuenta ajena, del trabajo autónomo, pensiones, alquileres —cada una sigue reglas distintas dentro del convenio.
Si quieres entender cómo se aplica concretamente este acuerdo a tu caso, encontrarás una explicación más detallada sobre cómo funciona la doble imposición entre Italia y España. Es una lectura útil antes de hablar con un profesional: te ayuda a no empezar desde cero.
Trabajo por cuenta ajena en dos países: qué cambia
Si eres trabajador por cuenta ajena que opera físicamente en ambos países, la situación se complica respecto a quien trabaja solo en uno. La regla general del convenio establece que las rentas del trabajo por cuenta ajena tributan en el país donde el trabajo se realiza físicamente. En la práctica: los días trabajados en España tributan en España, y los trabajados en Italia tributan en Italia.
Esto significa que si eres residente fiscal en España pero haces desplazamientos frecuentes de trabajo a Italia, deberías en teoría declarar esa parte de la renta también en Italia. En la práctica, muchas empresas y muchos trabajadores ignoran esta regla —y la ignorancia no es una estrategia fiscal.
Existen excepciones importantes, relacionadas con la duración de la presencia en el otro país y con si el empleador tiene o no un establecimiento permanente en ese país. Los detalles importan, y por eso un gestor con experiencia en fiscalidad internacional es imprescindible, no un lujo.
Trabajo autónomo: dado de alta en España con clientes italianos
En Italia estás acostumbrado a la Partita IVA. En España su equivalente es el alta como autónomo: un régimen fiscal y de Seguridad Social diferente, con su propia lógica. Si estás dado de alta como autónomo en España y facturas a clientes italianos, tu residencia fiscal española implica que debes declarar todos esos ingresos aquí, a través de la declaración de la renta española —la Renta— y pagar los tributos periódicos previstos para los autónomos (liquidaciones de IVA, pagos fraccionados de IRPF, etc.).
La parte más delicada tiene que ver con el IVA: si tus clientes son empresas italianas con número de IVA, en muchos casos puedes emitir la factura sin IVA español, aplicando el mecanismo de inversión del sujeto pasivo (reverse charge). Si en cambio facturas a particulares italianos, la cuestión se complica. Cada situación tiene sus propias reglas, y equivocarse en las facturas significa tener que corregir las declaraciones —con todo lo que eso conlleva.
En cuanto a la Seguridad Social, darte de alta como autónomo te cubre en España, pero deberías verificar con atención si mantienes obligaciones de cotización también en Italia, en función de cuánto y cómo trabajas allí. Los dos sistemas de Seguridad Social tienen un acuerdo de totalización que permite, en determinadas condiciones, sumar los años cotizados en ambos países para el cálculo de la pensión —un aspecto relevante para quienes han trabajado en los dos países en distintos momentos de su carrera.
La declaración de la renta: qué declaras y dónde
Si eres residente fiscal en España, declaras aquí tu renta mundial. Esto incluye rentas del trabajo, rentas de alquileres (también de inmuebles en Italia), dividendos, intereses y ganancias patrimoniales. El IRPF español es un impuesto progresivo por tramos: cuanto más ganas, mayor es el tipo marginal. Funciona de forma similar al IRPEF italiano, pero los tipos y los tramos son distintos —y varían también según la comunidad autónoma en la que residas, porque una parte del impuesto es de competencia regional.
Si tienes inmuebles o cuentas bancarias en Italia que superan ciertos umbrales, también estás obligado a declararlos ante Hacienda española a través del modelo 720, la declaración de bienes en el extranjero. Es una obligación que muchos italianos en España subestiman —y las sanciones por no presentarlo, cuando es obligatorio, han sido históricamente severas.
El padrón y la residencia formal: no los descuides
Hay un aspecto práctico que a menudo se separa del debate fiscal, pero que en realidad lo condiciona: tu situación formal en el territorio. Estar inscrito en el padrón municipal —el registro de habitantes español— es una de las señales que la Agencia Tributaria tiene en cuenta cuando evalúa tu residencia fiscal efectiva. No es un documento fiscal en sentido estricto, pero forma parte del conjunto de elementos que construyen tu posición.
Del mismo modo, si te has trasladado a España, deberías comunicar el cambio de residencia también al AIRE —el registro de italianos en el extranjero— y darte de baja en el padrón italiano. Mantener el empadronamiento en Italia mientras resides fiscalmente en España es una de las situaciones que con más frecuencia genera conflictos entre las dos haciendas, especialmente si en Italia siguen llegando rentas.
Tres errores que veo cometer con más frecuencia
En estos años he conocido a muchos italianos que se mueven entre los dos países con cierta despreocupación —hasta que llega una carta de la Agencia Tributaria o de la Agenzia delle Entrate. Los errores más comunes son siempre los mismos.
- Ignorar la residencia fiscal italiana residual: creer que basta con vivir en España para no tener ya obligaciones en Italia. No es automático —hace falta una ruptura formal y sustancial.
- No declarar las rentas extranjeras en España: muchos piensan que los ingresos obtenidos en Italia no hay que declararlos aquí. Si eres residente fiscal en España, en cambio, hay que declararlos todos.
- Confundir el NIE con la residencia fiscal: tener el NIE no significa ser residente fiscal, igual que no tenerlo no significa estar exento de serlo. Son conceptos distintos, aunque relacionados.
Si tu situación es sencilla —vives y trabajas solo en España, no tienes rentas en Italia— probablemente no necesitas un experto en fiscalidad internacional. Pero si trabajas en dos países, tienes inmuebles en Italia, recibes una pensión del INPS o facturas a clientes italianos, el consejo más práctico que puedo darte es este: acude a un gestor o a un asesor fiscal con experiencia transfronteriza antes de que el problema aparezca, no después. Verificar tu situación ante la Agencia Tributaria y la Agenzia delle Entrate es el primer paso concreto que dar en cuanto te das cuenta de que tu situación afecta a los dos países.
Avviso importante: le informazioni di questo articolo hanno valore orientativo e non potranno mai sostituire la consulenza di un professionista. La normativa spagnola cambia spesso e la sua applicazione dipende dalla situazione di ciascuno. Prima di prendere decisioni su documenti, fisco, lavoro o residenza, rivolgiti a un gestor, un avvocato o un commercialista.
inSpagna è un progetto di
Erick Canale
Ingegnere, nato a Cuneo, vive in Spagna da oltre 22 anni : dopo 14 anni vissuti a Barcellona, dal 2018 vive e lavora a Madrid. Dopo un percorso da funizonario in una importante multinazionale italiana, da quindici anni dirige JEZZ Media, Agenzia di Comunicazione e Marketing con sede nella capitale spagnola.
La burocrazia spagnola l'ha attraversata tutta, di persona. Da dipendente prima, da imprenditore autonomo oggi.
